jueves, 28 de junio de 2012

Como Cae un Alcalde 1914

Ha caído Bartolo Lima estrepitosamente de la Alcaldía de La Línea. Su obra de ayer, tan perversa, tan injusta, tan despiadada, tan llena de ruindades y locuras, ha tenido el término natural que era de justicia. Ha caído en poco mas de tres meses y con él sale arrastrada toda su despreciable labor para que sirva de enseñanza y para que el ejemplo cunda.
Al término de este suceso, estamos obligados á recapitular uno por uno todos los pasos de Bartolo Lima para que dejándolos registrados y documentados, no pueda manejarse nunca la vileza de la calumnia, buscando en la estafa de la verdad el amparo de sus actos.

¿Cómo vino á la Alcaldía?

Bartolo Lima venía llamándose liberal desde hace muchos años; pero un suceso extraordinario ocurrido en la política local, encendió la hoguera de sus ambiciones y de sus odios y se precipitó en un abismo.

El caso es conocidísimo y no hace falta recordarlo.

Apareció Lima hecho alcalde conservador por sorpresa, cuando D. Luis Ramírez, respetando la opinión pública, no se había atrevido á impedir la elección para Diputado á Cortes de D. José Luis de Torres.

Lima sí, y á eso vino á la Alcaldía, contra todo el pueblo y contra todo el mundo.

Venia, pues, en concepto de verdugo, contra D. José Luis de Torres, que tanto bien ha hecho por este pueblo; contra el partido liberal y contra el partido conservador.

¿Hay quien pueda citar un caso semejante de maldad y de osadía?

¿Qué quería Lima? ¿Qué buscaba Lima?

Sus primeros pasos

Bien marcada ha quedado la huella y aún están frescas las últimas rodadas. Lima atropello por todo y quemó el libro de la ley en su locura de destrucción. El Ayuntamiento fué para él una burla sangrienta, provocándolo de continuo, como si la propia consideración personal no mereciera el respeto más elemental de los hombres entre sí.

Su famosa carta blanca era para él sistema de sus procedimientos y modo de hacer justicia afrentando á España en esta frontera de la plaza de Gibraltar; y ante la eventualidad de unas elecciones, pregonaba á grandes voces la coacción de sus amenazas y el delirio de sus ideas, mostrando el índice de las prisiones y de las persecuciones, dispuestas para hacer retroceder á todo el mundo.

Rodeado de gentes como él, Lima ha ideado y ha ejecutado cuanto hay de despreciable en el catalogo de los atropellos.

Lima ha perseguido y ha encarcelado.

Lima ha sometido á un verdadero bloqueo la residencia de un político local, á quien debe hartos favores.

Sus denuncias á los contribuyentes y á los industriales, y las multas que ha impuesto, han evidenciado la ruindad de sus procedimientos y la maldad de su alma; y en esta pendiente de la perversidad, ha ido Lima dejando un reguero de odios.

De esta manera brutal, llegó, paso á paso, á la elección de compromisarios para Senadores, consumando el atropello más inicuo y la burla más infame de que hay ejemplo.

Elección falsificada

Entre las promesas hechas por Lima en Cádiz á D. Luis Gómez Aramburu, figuraba la seguridad de que tenía medios sobrados para ganar la elección de compromisarios para Senadores.

Para preparar esta elección, Lima hizo una lista falsa, y cuando se reclamó contra ella y el propio Ayuntamiento hizo aquella ruidosa protesta contra los atropellos del Alcalde, que se denunciaron á los Tribunales de justicia, Lima recurrió á toda clase de amparos para que la lista fuese aprobada.

Así las cosas, llegóse á la elección de compromisarios.

El partido conservador y los amigos de D. José Luis de Torres que habían sido provocados por Lima y desafiados tan villanamente, se dispusieron á ganar esa elección, aun teniendo la desventaja de que la lista de electores había sido cuidadosamente amañada por el alcalde.

El resultado inmediato de los trabajos electorales que se pusieron en práctica, dejaron ver prontamente a Lima que tenía perdida la elección; porque con la lista falsa hecha por él y por él amañada y por él dispuesta, estaba reducido a una insignificante minoría.

¿Qué haría Lima en este trance, cuando había prometido al Sr. Gómez Aramburu ganar la elección de compromisarios y la lista era de su propia confección y de su propio amaño?

¿Confesaría su engaño al jefe provincial del partido conservador? En este trance y en estas angustias, con semejante situación creada por él mismo, en su delirio de atrepellar á todo el mundo, Lima recurrió á todos los medios para triunfar. La lista de compromisarios fué revisada una vezy otra. Llamó á los  electores, amenazando á unos y acariciando á otros.

Todo en vano, porque, ni los amenazados cedían, ni los acariciados se doblegaban.
Nadie quería contactos con Lima.

¿Puede darse una prueba mayor del desprecio público contra el alcalde?

Pues bien, cuando Bartolo Lima se convenció de que estaba derrotado, ideó un plan estupendo, bárbaro y de una imbecilidad sin ejemplo.
Ideó falsificar la elección.

¿Cómo? Pues de un modo sencillísimo y fácil.

La elección había sido citada y convocada para las diez de la mañana del día 15 de Marzo, por medio de cédulas duplicadas, bajo la propia firma del Alcalde. Cuando los mayores contribuyentes y los señores concejales, en número de 66, que constituían la mayoría absoluta, se personaron en la Casa Ayuntamiento para efectuar la elección de compromisarios, apareció Bartolo Lima diciéndoles que la elección estaba hecha; porque habiéndose padecido una equivocación en la fecha de la convocatoria, se había rectificado y todo estaba ya concluido desde el día anterior.
No quisiéramos recordar aquel triste espectáculo, aquel cinismo, aquella indignidad sin ejemplo, que pudo ser punto de partida de un hecho luctuoso y que Lima había provocado tan descaradamente; porque ante aquellos 66 hombres que representaban al Ayuntamiento y á los mayores contribuyentes, se estaba ejecutando por el alcalde una infamia que no tenia nombre.
Pudieron ocurrir cosas muy graves, y fueron evitadas.

A las provocaciones de Lima, se contestó con la firmeza del derecho y con la actuación notarial, eludiendo un choque que hubiera sido terrible.

Los hombres que estaban allí congregados no quisieron que se consumara la tragedia, salvando al pueblo de La Línea de una verdadera catástrofe.

De no ser así, Lima hubiera sido lanzado por una ventana.

La elección de compromisarios quedó, pues, falsificada.

¿Serviría esta falsificación?

La obra de la justicia

Mandó Lima á Cádiz á los falsos compromisarios.

A Cádiz fueron también las actas notariales justificativas de la falsedad de esa elección; yesos documentos y la intervención del diputado D. José Luis de Torres, fueron bastante á destruir la indigna obra ejecutada por el Alcalde, que allí quedó confundida, declarándose por la Asamblea de la Excelentísima Diputación provincial, que esos compromisarios no se reconocían á ningún efecto, como elegidos fuera de la ley.

Los aplausos con que fué acogida esta resolución de la Diputación, debieron llegar hasta los oidos de Lima, para demostrarle que la falsificación no había prosperado; para demostrarle que lo que él creyó
una verdadera listeza, había concluido en tragedia resonante; para demostrarle que él y sus secuaces que tanto alardearon de la burla hecha y que tan á las calladas la realizaron, se les había derrumbado el edificio de sus artimañas, donde todos fueron cogidos en su propia trampa.
Los falsos compromisarios fueron, pues, anulados, rechazados y expulsados de la Diputación de Cádiz.

¿Quiénes eran esos falsos compromisarios?

Ahí van sus nombres, para que queden estigmados:

D. Ramón María Bonelo e Infante, don José María Aguilera González, D. Juan Rodríguez Mancheño y D. Antonio López Zaragoza.

Lima y D. Luis Gómez Aramburu

Hemos de juzgar desapasionadamente la inteligencia circunstancial del Sr. Gómez Aramburu con Bartolo Lima, porque queremos puntualizar la verdad, evitando todo equívoco.

No hemos de hablar para nada de la condición social y de la educación del uno y del otro, porque se necesitaría rebajar mucho al Sr. Gómez Aramburu y alzar mucho á Lima, para que pudieran quedar igualados.

No se trata de eso. Se trata de su inteligencia política.

El Sr. Gómez Aramburu, por un estado de despecho, de irreflexión, de ligereza impensada ó por acritud de carácter, se entendió con Lima en un momento dado, buscando la finalidad política que necesitaba en La Línea. El Sr. Gómez hízole las interrogaciones necesarias, y con la promesa hecha por Lima de que no tendría obstáculos para cuanto fuera menester, dados los medios y los contactos de amistades de que disponía, le entregó la Real Orden nombrándolo alcalde de La Linea, con todo el apoyo de sus influencias.
El Sr. Gómez habia hecho cuanto era menester, y a Lima le quedaba el deber de cumplir su promesa.

¿Las podía cumplir?

Vamos á verlo.

Todos sabemos quién es Lima y quiénes son sus amigos. Con tales elementos, no habia forma, ni modo, ni manera de que Lima pudiera ganar una elección y una elección como la que se preparaba en favor de D. José Luis de Torres. Es decir, que si Lima en todo momento y ocasión no tenía medios de ganar unas elecciones en La Línea por falta de amigos, por falta de ambiente, por falta de simpatías y de contactos, era entonces punto de imposibilidad absoluta querer vencer a tantos elementos congregados en torno del bienhechor de La Línea, D. José Luis de Torres y Beleña.

Lima, había, por lo tanto, engañado a sabiendas y deliberadamente a D. Luis Gómez Aramburu.
¿Era, acaso, que Lima se proponía vencer a tiros en la elección y a fuerza de prisiones y de atropellos, de amenazas y de coacciones?
¿Era acaso que se proponía falsificar la elección de Diputados a Cortes, como falsificó la de compromisarios para Senadores?

Y si era así su propósito, ¿para que quería el Sr. Gómez Aramburu un acta manchada y sucia de semejante manera?

Ya el Sr. Gómez Aramburu venía percatándose de quién era Lima y de lo que Lima representaba, porque aparte dé las diversas informaciones que había recibido, tuvo una ratificación solemne que le arrancó la venda de sus dudas.

Esta ratificación la escuchó de los labios del Diputado provincial Sr. Pérez Lila, que habiendo venido a La Línea en concepto de delegado administrativo, pudo darse cuenta de quién era Lima y de la gente de
que estaba rodeado; y en su imparcial juicio quedó firme la idea de lo que tenía por delante, y firme y segura la evidencia del engaño en que se encontraban.

La Caída

Con estos procedimientos y con esta forma de desenvolverse, y con el rendimiento de lo que era y de lo que representaba, ha quedado Bartolo Lima perfectamente destacado, mostrando a los conservadorcs de Cádiz lo que es y lo que significa.

En La Linea ha demostrado asimismo  que no le merecen respeto las personas, sea cual fuere su condición social. Lima es hombre que no tiene amigos en ninguna parte.

La Hacienda Municipal en sus manos ha sido una continuada ocultación de cómo se invertían los fondos públicos. El Ayuntamiento, durante los tres meses y medio que ha estado Lima en la Alcaldía, puede decirse que no ha funcionado.

La Seguridad personal no ha estado nunca garantizada durante ese periodo de tiempo.

Los contribuyentes han sido denunciados, multados, atropellados en sus derechos.
¿Que más?
¿Cree Lima que D. Luis Gómez Aramburu lo trajo para esto?

Pues si lo cree se ha equivocado de medio a medio; porque el Sr. Gómez Aramburu, en su rectitud, en su caballerosidad, en su honradez y por su educación exquisita, no puede hacerse solidario ni compartir semejantes bestialidades, ni mucho menos podía querer que se le hicieran elecciones falsificadas, ni que el acta de Diputado constituyera un estigma ni una afrenta. 

El Sr. Gómez Aramburu creyó que Lima era un político y se sirvió de él aceptando los ofrecimientos que le hiciera, cuyo engaño no podía en aquellos momentos descubrir.

Lima ha caido á los tres meses y medio, arrastrado por su propio peso, y en los Tribunales está, sin que nadie le haya tendido una mano. Ha caído, además, sin saber a qué partido político pertenece.

Sn manera de proceder y el aislamiento en que se encuentra en La Línea, ha determinado la fría indiferencia con que todos han visto su caída; y ella sirvo do satisfacción á todo el mundo, porque ya era imposible aguantar tanto ultraje.

Se va solo, ó mejor dicho, con los cinco ó seis Bartolos sus cómplices y encubridores, que aunque venían llamándose republicanos, se unieron á su obra de perversidad, acudiendo como chacales á la carne muerta.

No olvidaremos el ultraje y en el camino andamos; pero estén advertidos que á las amenazas contestaremos como corresponde y que iremos hasta donde se nos provoque.

No queremos la guerra; pero á ella iremos si hace falta, porque en muchas ocasiones precisa hacer la guerra para obtener la paz.

                                                                                        La Línea 12 de Abril de 1914.
                                                     Por la representación de los buenos linenses, suscribe esta hoja


                                                                                          La Junta de Defensa Local











                                                              Luis Javier Traverso Vázquez                                                                        http://www.lalineaenblancoynegro.com/

 

 


 



 

 


Documento perteneciente al Archivo Municipal de La Línea de la Concepción.

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